Portrait de la jeune fille en feu: lo que el cine entiende del retrato
Sciamma construye la película más precisa sobre el acto de retratar que existe en el cine.
Portrait de la jeune fille en feu (2019, Céline Sciamma) es la película más precisa sobre el retrato que existe en el cine. No porque sea la más realista históricamente ni la más técnica, sino porque entiende algo que la mayoría del cine sobre pintores ignora: que retratar a alguien no es reproducir su apariencia sino negociar una imagen.
El dispositivo: pintar de memoria
La pintora tiene que memorizar a su sujeto durante el día, sin que sepa que está siendo observada, y pintar de noche. Ese dispositivo desplaza toda la película hacia lo que los retratistas conocen bien: qué es lo que en serio estás mirando cuando mirás a alguien con la intención de pintarlo. No el cuerpo, no la pose: algo más esquivo. La película no lo nombra. Lo muestra a lo largo de veinticuatro horas de observación y pintura.
La escena del parecido
Hay una escena donde la pintora le muestra el retrato terminado al modelo por primera vez. El modelo no se reconoce. No porque el retrato sea malo. Porque nadie se ve a sí mismo como lo ven los demás. Esa brecha entre la imagen pintada y el autoconcepto del modelo es algo que cualquier retratista conoce de primera mano, y casi nunca se habla de eso en serio en el cine. Acá es el eje de la película.
La paciencia como argumento formal
La película tiene tempo pausado, luz de vela, sin banda sonora en casi toda su extensión. No es un defecto de distribución sino una decisión formal: la película pide la misma atención que pide una sesión de retrato. Si eso te resulta lento, probablemente no pasaste mucho tiempo mirando de verdad a alguien con la intención de pintarlo. Disponible en Amazon Prime Video y MUBI Argentina.
“Retratar a alguien no es reproducir su apariencia. Es negociar una imagen. Portrait de la jeune fille en feu es la única película que lo entiende.