MARINA ABRAMOVIĆ: THE ARTIST IS PRESENT
"Lo que cuesta estar completamente presente en lo que hacés"
Marina Abramović se sienta frente a desconocidos en el MoMA durante setenta y cinco días seguidos, sin hablar, sin moverse, sin nada más. El documental no es sobre performance art — es sobre qué significa comprometerse de verdad con la práctica. Eso le habla a todos los que trabajan en serio, no sólo a los performers.
La película muestra el aparato detrás de la performance — la logística, el cuerpo que se prepara, el equipo que sostiene el proyecto durante meses. Pero lo que se queda en la memoria no es el aparato. Es la cara de Abramović sentada, presente, sin escapatoria posible. Esa imagen es un espejo directo para cualquiera que trabaje en soledad frente a una tela durante horas sin poder escapar de lo que tiene enfrente.
La retrospectiva reconstruye cuarenta años de trayectoria. Ver ese arco completo es útil. No porque la performance sea comparable a la pintura — no lo es — sino porque muestra lo que se acumula cuando alguien trabaja en serio durante décadas. La coherencia no es un estilo que se elige un día. Es una obsesión que se sostiene en el tiempo a pesar de todo: del mercado, de las modas, de los que no entienden y de los que llegan tarde a entender.
Hay una tensión que el documental registra bien: la artista que construyó su obra arriesgando el cuerpo frente a un sistema que ahora la celebra con toda la burocracia institucional. Abramović no esquiva esa tensión, convive con ella. Para un pintor que lleva años trabajando fuera del sistema central, eso tiene algo que enseña — no sobre performance, sino sobre cómo relacionarse con un mundo que te reconoce tarde y siempre en sus propios términos.
"Setenta y cinco días sentada frente a desconocidos. Eso no es resistencia física — es la definición de presencia total en el trabajo."



