PORTRAIT DE LA JEUNE FILLE EN FEU
"El modelo que te devuelve la mirada: lo que cambia cuando el retrato es un pacto entre dos"
Una pintora contratada para retratar a una mujer que no quiere ser retratada. Siglo XVIII, Bretaña, sin hombres en escena. La premisa suena acotada. No lo es. Esta película es sobre el acto de mirar — y sobre lo que pasa cuando el modelo decide mirar de vuelta.
El dispositivo que Sciamma construye es preciso: la pintora tiene que memorizar a su sujeto durante el día, sin que sepa que está siendo observada, y pintar de noche. Eso desplaza toda la película hacia algo que los retratistas conocen bien: qué es lo que en serio estás mirando cuando mirás a alguien con la intención de pintarlo. No el cuerpo, no la pose. La película responde esa pregunta despacio, sin apuro, sin dar la respuesta fácil.
Hay una escena — la pintora le muestra el retrato terminado al modelo por primera vez — que es una de las más inteligentes que yo vi sobre el problema del parecido. El modelo no se reconoce. No porque el retrato sea malo. Porque nadie se ve a sí mismo como lo ven los demás. Esa brecha entre la imagen pintada y el autoconcepto del modelo es algo que cualquier retratista conoce de primera mano, y casi nunca se habla de eso en serio.
La película tiene tempo pausado, luz de vela, sin banda sonora en casi toda su extensión. No es fácil de ver rápido. Pero para alguien que pinta es muy cómoda: está hecha con la misma paciencia que requiere el oficio. La atención que te pide es la misma atención que le ponés a un modelo. Si aguantaste treinta años de taller, aguantás esta película sin problema.
"Nadie se ve a sí mismo como lo ven los demás. Esa brecha entre la imagen pintada y el autoconcepto del modelo es el territorio del retratista."



